Siempre estaré en contra de la guerra y mucho más todavía de que terceros países se inmiscuyan en esa barbarie que nunca se sabe como termina. Puede que en algunos casos pudiera tener
una justificación pero me cuesta muchísimo aceptar este principio. Lo siento, como es natural, por las inocentes víctimas del fanatismo de los asesinos causantes de tal monstruosidad.
Estuve en primera línea de la protesta del «NO» a la guerra en Iraq. Estuve desmarcado, como podéis suponer, de las campañas oficiales de los interesados partidos. Participé en varias manifestaciones, algunas de ellas multitudinarias, pero siempre con mi pegatina que yo mismo me había hecho en exclusiva y totalmente desmarcado del oportunismo político o sindical que tanto abundó aquellos días.
Me temo que estamos en víspera de más de lo mismo. Otra vez se va a cambiar sangre humana por petróleo y el protagonismo lo van a tener los de siempre; léase el esperpéntico Premio Nobel de la Paz, Obama, y demás títeres que a su alrededor danzan como lastimeros perros falderos; léase igualmente presidentes de gobiernos europeos incluidos el nuestro, Zapatero, por aquello de seguir siendo la majadera marioneta que es. Este insensato, como anteriormente hizo el no menos cretino y matón Aznar, se volverá a subir al carro de la violencia, de la muerte y justificará su ansiada participación en una acción militar que no solucionará ningún problema y creará otros muchos, como ocurrió en Iraq. Están deseando sacar los ojos a Gadafi, otrora bien recibido con honores en todos los países europeos; hasta de la mano iba cogido con Zapatero bajo la eterna y falsa sonrisa de la ministra Jiménez. Me temo y ¡ojalá! me equivoque que entrar en guerra, por supuesto, en «MISIONES HUMANITARIAS», nos dirá la Chacón, está decidido.
¿Qué ocurrirá el día después? Está claro, no solucionarán nada, absolutamente nada, como ocurre en Afganistán o en Iraq pero el petróleo y la reconstrucción gestionados por los de siempre; USA, Reino Unido y algún otro gobierno europeo (jamás España) volverá a llenar las arcas de estos poderosos y el peligro del fanatismo islamita, se convertirá en la más peligrosa realidad.
Por un instante hacer un ejercicio de fantasía. Si Gadafi hubiera muerte por causa natural a principios de año; allí, en Trípoli, hubieran estado en su entierro todos los lideres occidentales. Allí hubiera ido el simple e inmaduro príncipe de Asturias y su asturiana, hubiera estado Zapatero y el gabacho y el alemán y el inglés y hasta puede que el Obama o su segundo. TODOS, hubieran ido a Libia a rendir tributo al fallecido. ¿Qué ha ocurrido ahora? ¿Quién esta detrás de este sinsentido? ¿Por qué de repente todas las acciones de protesta han cesado en todo el mundo árabe? ¿Quién está moviendo los hilos de esta alucinante situación? ¿Quién? ¿Quién lo sabe?
