sábado, 31 de julio de 2010

Simón Bólivar Palacios y José San Martín Matorros.



Es curioso como las personas evolucionamos con el tiempo. Nacemos todos en familias con unas tradiciones y creencias que nos hacen asumir desde niños. Nos inculcan unos principios e ideales que en cuanto tenemos mayor sentido de responsabilidad las aceptamos en la inmensa mayoría de las casos como propias.

Luego, de repente o por un largo proceso de transformación, pasamos de la noche al día o del blanco al negro. Lo de atrás ya no sirve, rompemos con el pasado, como consecuencia de muchas cosas confesables o inconfesables y nos convertimos en «conversos» y acabamos siendo los más duros inquisidores de nuestro propio pasado.


Hoy me vienen a la mente dos personajes sumamente influyentes y determinantes en el cambio de modelos políticos, sociales que se produjeron en la América Hispana siglos atrás. Ambos protagonizaron unos cambio tan radicales en sus respectivos territorios donde nacieron, vivieron y desde donde servían a España.


Ambos ilustres personajes con antepasados castellanos, uno descendiente de burgaleses y otro hijo de palentinos.


El primero, Simón Bolívar, tendría que repasar mis notas, pero creo recordar que era bisnieto de burgaleses por vía materna. Sus padres pertenecían a acomodadas familias ocupando en Venezuela, cargos importantes al servicio de España.


El segundo, el general José San Martín, era hijo de castellanos palentinos. Su padre, el general español, Juan de San Martín, había nacido en Cervatos de la Cueza y su madre, Gregoria Matorros, lo había hecho en Paredes de Nava. El padre se encontraba en América cumpliendo con la misión que el Rey le había encomendado. El hijo del General, el futuro libertador José San Martín, viajó siendo muy joven a España donde se forjó en la vida militar y llegó a participar en las decisivas Batallas de Bailén y de La Albuera, juntos a los tropas españolas contra el ejército invasor francés de Napoleón.


No entraré a juzgar los motivos por los que sus conductas dieron ese giro tan radical y profundo; pero ambos han pasado a la historia como «libertadores» de territorios de América del Sur usurpadas por los españoles a los indios; los legítimos y únicos, insisto, LEGÍTIMOS Y ÚNICOS DUEÑOS (los demás, absolutamente todos los demás, fueron a expoliarlos igualmente y nada pueden reclamar) de aquel nuevo Continente. Tampoco entraré a valorar el triste final de ambos. Sus últimos momentos tuvieron que ser muy amargos, murieron solos, abandonados por los suyos o en un exilio a miles de kilómetros del territorio por el que lucharon.


Ellos también merecen el recuerdo desde la Vieja Castilla.




2 comentarios:

Temujin dijo...

Son unos más de los muchos, que este pais cainita y desgraciado ha generado.
Grandes hombres, vencidos no en batallas, sino en despachos, envida y mucho sinvergüenza es lo que triunfa. Hay veces, que, con perdón, me da por culo ser español.

Álvaro Tilo dijo...

Hola Temujín. No he vivido en ningún otro país, excepto en el nuestro y no sé como será el comportamiento en esos otros lugares. No creo que seamos demasiado diferentes; aún reconociendo que hay valores foráneos que me gustaría para nosotros.

Me temo que la envidia es patrimonio de las personas de cualquier nación y condición y aquí, podemos asegurar sin temor a equivocarnos, que se ha instalado muy bien en nuestra sociedad. Vive a gusto.

No sufras por ser español, sufre por los españoles que han hecho que su vida, sea una auténtica golfería como bien nos dices.

Un cordial saludo.