sábado, 28 de agosto de 2010

A su Majestad el Rey, D. Alfonso XIII



Hace unos pocos días, en este mismo cuaderno podíamos leer un poema del genial poeta riojano, Armaldo Buscarini. Al día siguiente sentí que había sido injusto con él; me había limitado a copiar y pegar un poema sin más, sin intentar completar, aunque sólo hubieran sido unas breves pinceladas de su corta pero intensa y azarosa vida.

Me gustaría tener capacidad y conocimientos para dedicarle las justas palabras que merece, pero mis limitaciones aquí están y no es posible, a mi pesar, llevarlas más allá de lo meramente elemental; mi vuelo siempre queda a ras de suelo.


Buscarini es en opinión de algunos críticos, el más genuino representante de la bohemia en la poesía en la primera parte del siglo pasado. Su vida y obra es puro romanticismo, donde el corazón siempre vence a la razón. En su incomprendida locura, llegó a sentirse la reencarnación del divino Bécquer. Pasó todas las necesidades del mundo, vivó rodeado de hambre, frío, calamidades y miserias. Apenas tenía amigos, tal sólo le ayudaron, aunque a veces les chantajeara, los Hermanos Quintero que hacían posible que pudiera publicar sus poemas que nadie compraba. En su delirio y me temo que azuzado por el hambre, en ocasiones amenazaba con suicidarse si los transeúntes no le compraban los folletos con sus escritos que intentaba vender en la calle. Fue un genio de la bohemia y murió como seguramente siempre lo había soñado; joven, solo, abandonado por todos, loco, sifilítico y tuberculoso; nada que no fuera demasiado habitual en aquella época. Nadie le lloró en su último día. El manicomio de Logroño fue testigo mudo de su adiós a la vida. Fue enterrado en una fosa común y su cuerpo descansa para siempre, no se sabe dónde.


Han tenido que pasar bastantes años para que su obra fuera rescatada del incomprensible olvido a que fue sometida y aunque tarde, se hizo en parte justicia a este insigne riojano. Hoy, como ocurre casi siempre, goza de un merecido prestigio como poeta que en vida todos le negaron.


Como homenaje a su genial locura, quiero traer hasta aquí el TESTAMENTO DE SUS ÚLTIMAS VOLUNTADES, que envió al Rey Alfonso XIII en 1930 estando internado en el manicomio de Valladolid.


Textualmente escribió…


Señor:

Perseguido por las injusticias de la sociedad que m
e negó el sustento, el trabajo, el cariño y la fama; acorralado por la multitud de enemigos, envidiosos de mi Arte, que se cebaron en mis actos privados para hundir y exterminar mi genialidad y aniquilar los proyectos grandiosos que tenía para el futuro; habiendo sido arrollado y asesinado en el Departamento de Dementes del Hospital Provincial, donde se me secuestró en tal día como hoy, 22 de mayo, por medio de cuatro hombres, y mi señora madre que ayudó a ellos; viéndome perdido completamente, es decir, con vida insegura, puesto que la aguja finísima que colocaron entre el pan taladró el corazón al tomar el camino de un divertículo que en la garganta tenía y que previamente habían observado con los rayos X médicos enemigos y cómplices de mi madre; comprendiendo, en definitiva, que mi situación en el mundo es desesperada puesto que además de vivir con poca vida me veo privado de la libertad, de las comodidades y de los placeres, he decidido eliminarme por medio del ácido prúsico que ingeriré hoy mismo; o, en su lugar, por medio de una cuerda: es decir, ahorcándome.


Como el hecho violento que pienso realizar ha de repercutir en todo el país produciendo la natural expectación, espero de Su Majestad el Rey Don Alfonso XIII y de la Reina Doña Victoria Eugenia la completa rehabilitación de mi memoria mancillada, el reconocimiento absoluto de mi talento y condiciones formidables de artista y cincelador de maravillas, por medio de un gran monumento que se erija en una gran plaza pública. Y al mismo tiempo EXIJO de la JUSTICIA HUMANA el encarcelamiento de mis asesinos y la ejecución en público de la persona que colocó la aguja, origen del asesinato de que fui víctima. Pues ha de comprenderse que la pérdida ha sido ENORME para el país y que el país, ante tan enorme pérdida, no puede ni podrá permanecer impasible; ni tampoco conformarse y menos aún resignarse. Se ha robado una especie de Goya literario, a quien deben rendir tributo todos los españoles. Y como no se puede robar nada ni distraer nada al porvenir común, espero la reparación, no sólo por parte de España, sino por parte de todos los países, incluyendo América; y al mismo tiempo deseo que de mis poemas se hagan ediciones soberanas con láminas y cromos de colores; y deseo que se divulguen mis versos por toda la redondez de la tierra, para que de esta manera, traducidos a distintos idiomas, sean conocidos en todas las lenguas.


Deseo que se me haga un entierro solemne y que todos los escritores y artistas me guarden luto durante cinco años; deseo que se me ofrenden coronas con sentidas y cariñosas dedicatorias y que aquellos a quienes pude ofender den al olvido mis agravios y tomen parte en la ceremonia.

Deseo que la prensa de todo el mundo publique retratos míos y la noticia de mi muerte con enormes titulares: HA MUERTO ARMANDO BUSCARINI.

Deseo que ante mi cadáver desfile toda clase de gentes, lo mismo potentados que obreros, y que los niños depositen flores; deseo que los periodistas desfilen ante mí y que algún escultor famoso saque la mascarilla de mi rostro y el vaciado
de la mano derecha, que pudo crear tantas obras inmortales.

Deseo que Serafín Álvarez Quintero pronuncie un discurso y que Alfonso Hernández Catá hable de mis obras; deseo que el embalsamamiento y que la casa de Prensa Gráfica coloque en sus balcones, durante un mes, una bandera negra.

Deseo que mi cadáver vaya envuelto en la bandera
española, puesto que yo fui siempre un gran patriota, y deseo, además, que se me digan inmensidad de misas para la completa salvación de mi alma, ya que el hombre, como tal, fue bastante pecador.


Valladolid, 20 de mayo de 1930,
en el Manicomio Provincial
.


Armando Buscarini.


Para terminar las breves pinceladas que anunciaba al principio; dos últimos apuntes. En la fotografía de la placa colocada en la casa donde nació el poeta en Ezcaray, se pueden leer sus dos más increíbles versos que resumen lo que fue su atormentada y orgullosa vida.


«…Es verdad que yo sufro; pero oídme:
¿Qué me importa sufrir si soy poeta?»


No podría acabar este comentario sin hacer mención especial al escritor, Juan Manuel de Prada. A él le debemos todos los que admiramos a Buscarini su infatigable trabajo para que renaciera como auténtica Ave Fénix, la figura, vida y obra del poeta riojano.



8 comentarios:

Temujin dijo...

Desconocia a el autor, pero he reconocer a la vista de su testamento, que era un "figura"...Genio, clase y figura hasta la sepultura...

Manolo Ulloa dijo...

¡Qué carta tan genial! No conocía a este escritor, pero prometo hacerlo a partir de ahora mismo.

Saludos

Álvaro Tilo dijo...

Hola Temujín. Es una vida tristemente apasionante la que vivió este singular poeta riojano. Al menos a mi me ocurre; cuánto más le leo, más increible me parece.

Un cordial saludo.

Álvaro Tilo dijo...

Si no recuerdo mal, Manolo Ulloa, eras sevillano y vivías en Triana ¡Casi "na"! ¿Cómo estuvo ahora casi un mes la "Vela" de Santa Ana? Me trae entrañables recuerdos.

Agradezco que de nuevo hayas visitado estas páginas.

Tu tierra está llena de grandes poetas, pero desde ese bello rincón de la Rioja, como es la zona de Ezcaray a los piés de la Sierra La Demanda, también vinieron al mundo personas capaces de asombrar por su arte, como lo hizo Buscarini.

Hasta cuando quieras volver.

Un cordial saludo

ZáLeZ dijo...

Hola ALvaro:
Impresionante la carta de nuestro vecino riojano.
Vale eso de: antes muerto que sencillo.
Un cordial saludo,

Álvaro Tilo dijo...

Bien dices, Zález: IMPRESIONANTE.

Su vida y obra son el reflejo de una época durísima para los que intentaron vivir de su arte. Pero como bien dijo, Buscarini...

«…Es verdad que yo sufro; pero oídme:
¿Qué me importa sufrir si soy poeta?»

Un cordial saludo

Editorial Buscarini dijo...

Hola,

gracias por tu comentario. Solo un matiz. A Buscarini le enterraron, tras su muerte el 9 de junio de 1940, en el cementerio de Logroño y fue en agosto de 1970 cuando exhumaron sus huesos y los echaron al osario común. Descanse en paz.

Un saludo.
--
Editorial Buscarini

Álvaro Tilo dijo...

PARA LOS SEÑORES DE LA EDITORIAL BUSCARINI.

Gracias por vuestra información sobre el lugar donde resposan los restos de nuestro admirado Buscarini. Tomo buena nota.

Muy agradecido y un cordial saludo.