martes, 7 de septiembre de 2010

Daniel Barenboim y la Orquesta del Diván Este-Oeste


Como todos sabemos, Daniel Barenboim (Buenos Aires, 15 de noviembre de 1942) es un músico argentino de familia judía de origen ruso; nacionalizado, israelí, español y palestino. Una de las figuras más importantes de la interpretación musical clásica de la segunda mitad del siglo XX. Logró gran fama como pianista, aunque con posterioridad ha obtenido el mejor reconocimiento como director de orquesta, faceta por la que es más conocido.


Desde muy niño empieza su educación musical con sus padres, sus primeros maestros. Una vez que la familia se traslada a Israel, hay una segunda etapa en sus estudios de estudios como alumno de Igor Markevitch en Salzburgo que serán determinantes y marcan definitivamente su imparable progreso. Empieza desde muy joven a destacar como pianista y resultaría interminable reflejar todos sus éxitos tanto como extraordinario solista al principio como después, dirigiendo las más importantes orquestas en los escenarios más emblemáticos del mundo, teniendo además el privilegio de haber sido el director invitado en 2009 en el concierto de Año Nuevo en Viena.

Pero sin duda, un acontecimiento muy importante en su carrera musical se produjo el 7 de julio de 2001, cuando Barenboim dirigió la Orquesta Estatal de Berlín en la representación de la ópera de Wagner Tristán e Isolda en el festival de Israel celebrado en Jerusalén. El concierto estalló en griterío, siendo Barenboim tildado de pronazi y fascista por algunos de los presentes. La música de Wagner ha sido tabú en Israel por las teorías de Adolf Hitler sobre la pureza racial y la exterminación de los judíos alimentadas en parte por los escritos antisemitas de Wagner, su compositor favorito. En la Alemania nazi, su música fue utilizada para la propaganda nazi, siendo permanentemente difundida por megafonía en los campos de concentración.

Barenboim iba a interpretar en un principio el primer acto de La Walkiria con tres cantantes, entre los que se encontraba el tenor español, Plácido Domingo. Sin embargo, las protestas de los supervivientes del holocausto y del gobierno israelí forzaron a la organización del festival a buscar un programa alternativo. Barenboim accedió a sustituir la pieza ofensiva por composiciones de Schumann y Stravinski, aunque no sin mostrar su desacuerdo con la decisión. Así, finalizado el concierto, declaró que en el bis iba a interpretar una pieza de Wagner, invitando a aquellos de los presentes que tuvieran alguna objeción a abandonar la sala.

La mayoría del auditorio respondió con una ovación, pero una minoría expresó su desaprobación. Barenboim estuvo media hora explicando en hebreo a la audiencia sus razones para interpretar la pieza y solicitando a los que protestaban que permitieran que la música se pudiera escuchar. Barenboim dijo que había decidido desafiar el tabú cuando en una conferencia de prensa a la que había asistido la semana anterior había escuchado un teléfono móvil con la melodía principal de La cabalgata de las walkirias, de Wagner: «Si está permitido escucharla en el timbre de un teléfono, ¿por qué no podemos interpretarla en una sala de conciertos?»

Pero mi mayor admiración por el maestro Barenboim, habida cuenta que no le puedo juzgar como músico por mis escasos conocimientos en este arte, aunque los que de esto saben y entienden le consideran un extraordinario maestro; es sin duda el hecho histórico que ha marcado para siempre el mundo de la música como aliado y conductor al hermanamiento de los pueblos. En 1999, junto al escritor estadounidense de origen palestino Edward Said, al que le unió una gran amistad, fundó la Orquesta del Diván Este-Oeste, una iniciativa para reunir cada verano un grupo de jóvenes músicos talentosos tanto de origen israelí como de origen árabe. Por ello, recibieron ambos el Premio Príncipe de Asturias en 2002. En 2004 le fue concedido el Premio de la Fundación Wolf de las Artes de Jerusalén.

Es un proyecto ejemplar de esta orquesta y de su director que demuestran que las buenas intenciones pueden ser la respuesta a grandes problemas aparentemente irresolubles. Nació como un proyecto de unión entre dos pueblos históricamente enfrentados, el árabe y el israelí, para demostrar que su convivencia pacífica es posible y puede conllevar grandes resultados.

La Orquesta del Diván Este-Oeste demuestra que pueden construirse puentes para fomentar la escucha entre las personas” y “la música por sí sola no puede resolver el conflicto árabe-israelí. La música otorga al individuo el derecho y la obligación de expresarse plenamente mientras escuche a su vecino. Basándose en esta noción de igualdad, cooperación y justicia para todos, la Orquesta representa un modelo alternativo a la situación actual en Oriente Medio” como acertadamente se ha dicho de este esperanzador acontecimiento.

Sin duda, un proyecto que irradia esperanza, convivencia, filosofía y talento musical a juzgar por los que la han escuchado.

En 1999 crearon un taller residencial para jóvenes músicos de Israel, Palestina y otros países árabes de Oriente Medio, con el objetivo de que aprendieran a relacionarse y a crear juntos mientras aprendían. Desde 2002, la Orquesta se reúne cada verano en Sevilla, donde tiene su sede, para participar en un taller formativo y ofrecer a continuación una gira de conciertos internacional. Actualmente, posee una plantilla formada por jóvenes españoles, libaneses, jordanos, egipcios y sirios, además de palestinos e israelíes, de entre 14 y 28 años.

Para terminar dos breves apuntes. El primero que el 12 de enero de 2008, después de un concierto en Ramala, Barenboim aceptó también la ciudadanía palestina honoraria. Siendo el primer ciudadano del mundo con nacionalidad israelí y palestina, Barenboim dijo que la aceptó con la esperanza de que sirva como señal de paz entre ambos pueblos.

Y el segundo y se menciona anteriormente, remarcar por su justo mérito, la coloración española a este proyecto y en especial a Sevilla, sede de la orquesta y felicitar a la Junta de Andalucía por los apoyos financieros que les prestan. Al menos, estos dineros están muy bien gastados.

4 comentarios:

D.F. dijo...

Efectivamente, estos dineros están bien gastados. La música no tiene ideas y el hecho que el idiota con bigote utilizase a Wagner como propaganda; no le quita ningún valor a su obra. Cuando los judíos puedan escuchar a Wagner, sin complejos, algo se habrá arreglado...

Álvaro Tilo dijo...

Lo malo, Temujín es que los palestinos apenas tienen oportunidad de escuchar esta extraordinaria orquesta, aunque lo han hecho en medio de la ruinas de sus ciudades.

¡Ojalá! qué esta hermosa iniciativa musical, sirva para que unos y otros de una vez por todas, se quiten los antifaces del terror y del odio y sean capaces de vivir y dejar vivir.

Un cordial saludo.

Manolo Ulloa dijo...

Has puesto un ejemplo de convivencia muy interesante y que además todos los años se renueva aquí en Sevilla.

Muy acertados tus comentarios.

Álvaro Tilo dijo...

Hola Manolo, gracias por tu visita. ¿Qué mejor sitio que Sevilla para intentar a través de la música ese acercamiento multicultural?

¡Ojalá! que esta iniciativa sirva para empujar el carro de la convivencia entre unos y otros.

Un cordial saludo.