jueves, 18 de noviembre de 2010

Catalina Erauso.



NO SE BAÑABA... Y HASTA EL REY Y EL PAPA LA AUTORIZARON A VESTIR Y TENER NOMBRE MASCULINO

Aunque vivo desbordado por los acontecimientos que se están viviendo en este país, gobernado por el más nefasto presidnete de gobierno que jamás uno pudo soñar y querer para España y aunque el cuerpo me pida guerra para mis escritos; me voy a contener ya que me he prometido a mi mismo que durante un año no voy a entrar a hacer comentarios políticos de ningún signo y por tanto y porque las promesas son para cumplirlas o intentarlo, al menos durante una semana voy a ser fíel a mi compromiso.

Así que solamente os pudeo decir de este curiosos personaje, que aunque sabía de su existencia y tenía vagas nociones de su vida y obras he de confesar que estaban totalmente olvidades y que soalmente tenía certeza de que la ciudad de San Sebastian la había dedicado una calle.


Es uno de los personajes más desconocidos y curiosos de la historia española. una mujer que vivió y lucho como un hombre, en una época donde el lugar reservado para ellas estaba junto a los fogones o en un convento... pero Catalina Erauso, apodada La Monja Alférez... se rebelo, y vaya si se rebelo...

Toda su vida está plagada de peripecias y aventuras. Nacida en San Sebastián en 1592, era hija de un militar, Miguel de Erauso, y de María Pérez de Gallárraga y Arce. A los cuatro años fue internada en el convento de San Sebastián el Antiguo, del que una tía suya era la priora, por lo que tanto su niñez como su adolescencia las pasó entre rezos y crucifijos, llevando una austera vida monacal.

Sin embargo, su carácter inquieto y rebelde no iba en consonancia con la tranquila forma de vida dentro de los muros del convento. Por si fuera poco, una discusión en el claustro con una robusta novicia, en la que nuestra protagonista recibió varios golpes, motivó que se decidiera a marchar del convento. Fue así como, en 1607, con apenas 15 años de edad, colgó los hábitos y, disfrazada de labriego, cruzó las puertas del convento para no regresar nunca.

Pasó entonces a vivir en los bosques y a alimentarse de hierbas, a viajar de pueblo en pueblo, temerosa de ser reconocida. Siempre vestida como un hombre y con el pelo cortado a manera masculina, adoptó nombres diferentes, como Pedro de Orive, Francisco de Loyola, Alonso Díaz, Ramírez de Guzmán o Antonio de Erauso.

Algunos autores afirman que su aspecto físico (el dibujo que ves arriba es un retrato suyo, más masculino que femenino) le ayudó a ocultar su condición femenina: se la describe como de gran estatura para su sexo, más bien fea y sin unos caracteres sexuales femeninos muy marcados. Pedro de la Valle nos dice de ella que "no tiene pechos, que desde muchacha me dijo haber hecho no sé que remedios para secarlos y dejarla llana como le quedaron...". También se dice que nunca se bañaba, y que debió adoptar comportamientos masculinos para así poder ocultar su verdadera identidad.

Bajo alguno de estos nombres logró llegar a Sanlúcar de Barrameda, embarcando más tarde en una nave hacia el Nuevo Mundo. En tierras americanas desempeñó diversos oficios, recalando en el Perú. En 1619 viajó a Chile, donde, al servicio del rey de España, participó en diversas guerras de conquista.

Destacada en el combate, rápidamente adquirió fama de valiente y diestra en el manejo de las armas, lo que le valió alcanzar el grado de alférez sin desvelar nunca su autentica condición de mujer.

Amante de las riñas, del juego, los caballos y el galanteo con mujeres, como corresponde a los soldados españoles de la época, fueron varias las veces en que se vio envuelta en pendencias y peleas. En una de ellas, en 1615, en la ciudad de Concepción, actuó como padrino de un amigo durante un duelo. Como quiera que su amigo y su contrincante cayeran heridos al mismo tiempo, Catalina tomó su arma y se enfrentó al padrino rival, hiriéndole de gravedad. Moribundo, éste dio a conocer su nombre, sabiendo entonces Catalina que se trataba de su hermano Miguel.

En otra ocasión, estando en la ciudad peruana de Huamanga en 1623, fue detenida a causa de una disputa. Para evitar ser ajusticiada, se vio obligada a pedir clemencia al obispo Agustín de Carvajal, contándole además que era mujer y que había escapado hacía ya bastantes años de un convento.
Asombrado, el obispo determinó que un grupo de matronas la examinarían, comprobando que no sólo era mujer, sino virgen. Tras este examen, recibió el apoyo del eclesiástico, quien la puso bajo su tutela y la envió a España.

Conocedores de su caso en la corte, fue recibida con honores por el rey Felipe IV, quien le confirmó su graduación y empleo militar y la llamó "monja alférez", autorizándola además a emplear un nombre masculino.

Algo más tarde, mientras su nombre y aventuras corrían de boca en boca por toda Europa, Catalina viajó a Roma y fue recibida por el Papa Urbano VIII, quien le dio permiso para continuar vistiendo como hombre.

Durante esta tranquila etapa, ella misma escribió o dictó sus propias memorias, la "Historia de la monja alférez", publicadas en París mucho más tarde, en 1829, y traducidas a varios idiomas. Del libro, en el que en mucho de cuanto se cuenta es difícil distinguir la realidad de la ficción, surgieron también adaptaciones, como la de Thomas de Quincey, así como obras de teatro y películas.

Pero su espíritu inquieto y aventurero no conoce reposo. En 1630, la monja alférez viaja de nuevo a América y se instala en México, donde regenta un negocio de arriería o transporte de mercancías entre la capital mexicana y Veracruz. A partir de 1635 poco se sabe de su vida, salvo que murió en Cuitlaxtla, localidad cercana a Puebla, quince años más tarde. Sin embargo, tampoco se conocen las causas de su fallecimiento, pues unos dijeron que había muerto asesinada, otros que en un naufragio y otros, los más dados a la fantasía, que se la había llevado el diablo...


6 comentarios:

Merino dijo...

Tomando un pisco sour, en El Callao, y en la cerveceria "hispana soldado" junto al Teatro Monarca, de Lima, me entero por primera vez, de las andanzas de esta "Juana de Arco" de España, pero con más valía.,hasta el punto de ser reconocida por Rey y Papa. ¡ Qué pena no hubiera nacido en estos momentos! la sociedad actual comprende todo tipo de individuos. Que testosterona debía fluir por su ser. Mi admiración por ella/él, al saber rivalizar con los mejores,su valor y heroismo. Lógico que no contentándose con su físico, evitara los baños, y sus micciones de pie, entre aquella sociedad que maduraba a golpe de espada...
Alvaro, ¡ chapeau! por la temática tan interesante que expones continuamente. ¡adelante con la Hº! los políticos deberían aprender de ella. Un respetuoso saludo.

ZáLeZ dijo...

Hola Alvaro:
Qué historia más interesante la de esta mujer y que por tí, me tengo que enterar de que en esos siglos tan lejanos pudieran existir mujeres con unos buenos pelendengues que harían ensombrecer a muchos mindundis de lenguaza muy grande, de frente muy alta y de pantalones bajados.
Un cordial saludo,

Álvaro Tilo dijo...

Hola, Merino: Vida curiosa la de esta mujer que demostró que el valor y el arrojo no es patrimonio en exclusiva de los hombres, como muchos torpes lo han creído y lo siguen creyendo desde todos los tiempos.

Recibe como siempre, un cordial saludo.

Álvaro Tilo dijo...

Hubiera sido curioso, Zález, ver un enfrentamiento físico, real, entre este valiente mujer y esos que tan acertadamente les defines como: "mindundis de lenguaza muy grande, de frente muy alta y de pantalones bajados".

Un cordial saludo.

Temujin dijo...

Se parece a Bibiana...Curioso personaje que desconocía...

Álvaro. Tilo dijo...

Hola Temujin: Las Bibianas, Pajines, Trinis, Cospedales etc. no dejan de ser unas vividoras que se escudan detrás de unas siglas políticas; es su único bagaje. Este guipuzcoana, se escudaba detrás de valentia y arrojo y dio de sí todo lo que llevaba dentro que debió ser mucho. Igualito las unas y la otra.

Gracias por tu visita y un cordial saludo.